¿Por qué lo hemos hecho? Simplemente por buscar mejorar nuestro nivel de vida, por darle mas comodidades a nuestra vida cotidiana, por estar a la moda, por tener lo último en tecnología, por obtener mas ganancias.
Pero el tren en el que estamos subidos y que avanza por este camino que venimos recorriendo como especie desde hace cientos de años, ha chocado contra un paredón. Esa muralla es el equilibrio natural del ambiente global. Lamentablemente la velocidad a la que veníamos avanzando ha sido demasiada y en ese choque lo hemos roto, agrietado, destruido parcialmente. Nosotros mismos también hemos salido perjudicados por el golpe y lo seguiremos siendo por las consecuencias de romper un equilibrio necesario que llevaba millones de años.
Nos encontramos ahora en una disyuntiva complicada, cada paso que damos hacia delante, es a costa de romper un poco más ese paredón, de desequilibrar aun más el ambiente planetario. El problema es que siempre hemos avanzado en una sola dirección, hacia delante y nunca hemos tenido en cuenta otras alternativas.
Seguir avanzando, ahora significaría la autodestrucción. Significaría empeñar nuestro futuro y quedarnos sin posibilidad alguna de reparar el daño, significaría el final de la vida como la conocemos y quizás la extinción misma de nuestra especie.
Se nos plantea entonces una situación complicada. Debemos abandonar el camino que nos enseñaron desde pequeños que era el único, el mismo que transitaron nuestros padres, abuelos, bisabuelos y mucho más allá.
De un día para el otro, en términos históricos, nos estamos viendo obligados, si queremos sobrevivir, a abandonar mucho de lo conocido, muchos de nuestros hábitos, costumbres y gran parte de nuestro modo de vida.